El nieto de Franco

– ¿A qué no sabes quién es mi abuelo?
– Ni idea.
– Franco.
– No me digas.
– Sí, es el dueño del colegio, de todos los edificios, todo es suyo.

Sergio miraba a Fernandito con cierta curiosidad pero sin especial asombro. A los seis años el mundo era un vastísimo territorio, un espacio enorme por descubrir, y él se lo creía todo.

El caso es que Fernandito era el primer compañero de esa clase de 1º de EGB con el que hablaba. Eran 44 en clase y aquel colegio tan enorme, del que tan bien se hablaba en casa, a donde habían ido todos sus hermanos (la hermana no, porque por aquella época los niños con los niños y las niñas con las niñas, nada de colegios mixtos). Era un colegio “piloto”, algo que Sergio no llegó a entender nunca, ni de mayor, pero que sonaba como algo realmente importante y exclusivo.

Al día siguiente de la ‘confesión’ de su parentesco con el caudillo, Fernandito le dijo a Sergio en el recreo que si quería ver una de sus casas, subrayando el “una” para dejar claro a su recién estrenado amigo que su familia poseía casas, en plural. Sergio dudó porque tendrían que abandonar el patio del recreo y eso podría traerles problemas, pero bueno, si iba con el nieto de Franco…

Fernandito le llevó por el interior de varios edificios del colegio que se comunicaban entre sí, subieron unas escaleras y al llegar al último piso salieron a una azotea. Fernandito no paraba de hablar de las armas, trofeos, cuadros, esculturas y todo tipo de tesoros que había dentro de la casa y que las paredes de la escalera ocultaban. Ya en la azotea, le dijo a Sergio: “¿Preparado para ver algo increíble? ¿Algo que no has visto en tu vida?” “Supongo, sí”, dijo con escasa convicción el pequeño invitado del nieto de Franco.

– Mira, asómate, ven -le urgió Fernandito

Sergio se acercó e imitó a su amigo para mirar hacia abajo un patio interior que tenía una especie de cubierta a media altura del edificio. Un patio cubierto. Sergio miró a Fernandito inquisitivamente.

– Ahí abajo hay cocodrilos, serpientes gigantes y no te haces idea de cuantos más bichos grandes y que dan miedo.

A Sergio le pareció un edifico normal, una azotea normal, un patio normal, todo normal incluso algo anodino, escaso de interés visual. Cuando le contó su amigo lo de los animales salvajes en el patio, agradeció la cubierta del patio y que no pudieran trepar hasta ellos.

El chaval se quedó conforme con la visita. Ni entusiasmado ni decepcionado, como antes de iniciar la exploración. No pensó demasiado en el pequeño zoo que escondía la casa de su amigo, pero sí que estaba algo impresionado, tampoco mucho (con seis años es difícil tener elementos de comparación con casi todo), con lo importante que era Fernandito, bueno, mejor dicho, el abuelo de Fernandito. Pero algo de ese ‘poder’ también le investía a él.

Pasó el tiempo y la amistad de Fernandito se fue diluyendo a favor de otros compañeros menos extraños y a los que es gustaba más jugar al futbol en el patio. No es que se enemistaran los dos niños, sino que como tantas veces sucede en la vida, sus caminos se fueron separando.

Sergio supo durante ese mismo curso que su examigo no era nieto de Franco, claro, lo que sí era el hijo de uno de los conserjes del colegio y por eso conocía tan bien todos los recovecos de las instalaciones escolares. Sergio no se sintió especialmente engañado y lo primero que pensó es que en el patio interior aquel no había ni cocodrilos ni serpientes ni nada parecido.

Lo curioso es que pasaron los años y a Sergio se le cruzaron en su vida varios Fernanditos o unas cuantas situaciones ‘fernandinas’ por llamarlas de algún modo. Gente que le engañaba. Él se lo creía, siempre fue un ingenuo, pero nunca renunció a su ingenuidad. Era algo natural con lo que convivía en una armonía razonable con su credibilidad (los disgustos nunca llegaron al entorno de la tragedia) y como le dijo una vez una mujer sabia: es infinitamente mejor que te engañen de vez en cuando que perderte porciones maravillosas de la vida por desconfiar, por “a ver que se habrá creído este, a mí no me la dan con queso, etc.”.

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