Los padres, los profesores, los jefes no nos damos cuenta de lo importante que es corregir, educar, adiestrar utilizando refuerzos positivos. En los niños, que son más transparentes, se aprecia estupendamente. Si el padre le dice: “¡No, así no!, ¡lo estás haciendo mal, eres un desastre!” El que es un puto desastre es él.
Ese niño si crece con ese tipo de consignas será un adulto inseguro, se sentirá con frecuencia un inútil y la dependencia (de lo que sea en cantidad y variedad) será parte de su destino. Si por el contrario el tipo de mensaje que emitimos es: “Inténtalo otra vez, trata de ver que falló, ¡¡vamos que tú puedes!!» El cuento es exactamente el mismo pero al revés. Estaremos cultivando un ser humano con autoestima, seguridad, capaz, perseverante, independiente y con muchas oportunidades para ser feliz.
Si queremos a nuestros hijos, ¿no deberíamos procurar, de verdad, lo mejor para ellos? Es cierto que los niños vienen al mundo sin manual de instrucciones, pero basta con reflexionar un poco sobre lo que nos motiva a nosotros mismos y lo que nos anula, y actuar en consecuencia.