Las mujeres y las guerras

Propongo un sencillo pasatiempo para comprobar el diferente comportamiento entre varones y hembras en lo que se refiere a la destrucción. Haga usted cualquier tipo de edificación con arena en la orilla de una playa. Lo importante es que sobresalga lo suficiente del suelo. Puede ser un precioso castillo con torres, almenas e incluso banderitas o un simple montículo que quede a un par de palmos por encima del nivel de la arena. Colóquese a una distancia prudencial (que quede claro que la construcción no tiene nada que ver con usted) y observe.

La gente pasa. ¿De qué género es la persona que pisa o patea su creación? Efectivamente, masculino. ¿No pasan por allí mujeres? Sí. ¿Lo suficientemente cerca como para tener tentaciones de destrucción? Sí, a la altura del empeine. Pero no lo destruyen. ¿Ha quedado en pie algo y alguien sigue destruyendo? Sí. ¿Género? Varón. Y así hasta que no queda nada. ¿Son sólo niños? No, de todas las edades, aunque es cierto que los ancianos demuestran mayor consideración por el arte arenero.

Un político centroamericano escribió un voluminoso libro sobre una expresidenta de su país y su charla de presentación en Madrid concluyó con un: “Si hubiera más mujeres gobernando en el mundo, habría menos guerras”. Totalmente de acuerdo.

Deja un comentario