La vida

La vida es bella, muy bella, en suntuosos palacios y en barriadas marginales. La vida es vida, energía, plenitud. Somos nosotros los que nos empeñamos en emponzoñarlo todo. Con nuestros miedos, nuestros complejos, culpas, nuestras timideces, nuestro orgullo. Besa despacio, ama intensamente, vive con pasión y perdona rápido. Perdonar rápido, ¡¡qué difícil!! Y qué gran satisfacción cuando se consigue.

Es curioso que teniendo problemas de autoestima como solemos tener todos, cualquier supuesta ofensa nos ofenda tanto. Nos hiera el orgullo. Si fuéramos poca cosa, ¿no sería normal que nos despreciaran? No. Somos poca cosa pero si nos menosprecian es como si alguien osara tirarse un pedo delante de Cleopatra. Un atentado.

No ofende el que quiere, ofende el que puede. Pues tampoco. Cualquier ofensa nos viene bien para sentirnos mal. El estado natural del hombre es la felicidad. No hay más que ver a los niños. ¿Qué pasa entre la edad infantil y la adulta?, ¿qué extraño túnel de ensuciado nos lo estropea todo? Pero nunca es tarde para reconducirse, para aprender a ser feliz. Es tomar la propia vida por el mango, ajustar el principio de realidad (las cosas son como son, y debemos verlas a nuestro favor), tener claro que no existen atajos. Perdonarnos, tratarnos como a nuestro mejor amigo, perseverar, saber que cada derrota es el prólogo de una victoria. Hay que conectar con todo eso. Buscar aliados, buenos compañeros de viaje, gente que sume, alejarse de los que restan. Confiar en uno mismo. Caer y volver a levantarse. Con y sin topicazos.

La vida no es justa. La justicia es una invención humana. Pero no por ello la vida es mala. Es vida.

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